viernes, 17 de julio de 2009

Qué hueva



Me he dado cuenta que he perdido (si acaso alguna vez lo tuve en realidad), mi "versatilidad" de plática.
Fueron varias veces, cuando escuché, que una amiga me presumía a sus nuevas amistades diciendo esto y aquello de mí, en especial, que yo sabía de todo... que no había tema del que no pudiera saber y platicar. Recuerdo también en aquellos días en que una hermosa pelirroja era motivo de mis deceos, que nunca tuve "dificultades" para entablar una conversación: iniciarla, estimularla, volverla amena, interesante y divertida; eran días en que podía hablar sin esfuerzo.

Me gusta decir que soy apático, sangrón o incluso desinteresado para evitar verme en la situación asquerosa en que mi voz se enternece: y el tono mariquita de la cortesía y la sumisión o actidud pasiva me convierte en ese repugnante imbécil simpático, amable, tímido, callado e infantil.
La verdad es que simplemente soy aburrido: desinteresado pues. Antes, iniciaba conversaciones interesantes porque simplemente, la atención que se me prestaba, era el mejor alimento para mi ego.

Sólo me queda el interés de hablar por hablar: ¿De qué? da igual. Al final, éste también habrá de desaparecer, así que por el momento me llega un nuevo interés...

...¿Si ya nada me interesa (ya me cansé de usar esta palabra) y después de haber perdido interés en hablar por hablar, qué seré?

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